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Mostrando entradas de noviembre, 2017

AMORES DE CUENTO

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Hay amores de cuento. Y os lo digo yo, que nunca me creí eso de que besando a un sapo  podrías convertirlo en príncipe. Pero ahora aquí que me tenéis, con un sapo enorme tirado en el sofá tomando cerveza, mientras espera a que termine de hacerse la pizza precocinada que metió en el horno.
— ¡Amor! ¿Puedes comprobar si ya está eso listo?
Yo sigo escribiendo sin darme por aludida, al fin y al cabo puede que aún sea su amor, pero  tengo muy  claro que no soy su cenicienta. Debo confesar que sí lo besé mucho, cuando era mi príncipe (rubio, no azul). Un príncipe galante que venía a esperarme a la puerta del instituto con su moderno carruaje rojo, donde me besaba en los labios cada día,  (y hacíamos el amor alguna que otra noche), mientras me contaba el cuento ese de que sería su reina para siempre jamás.
 Lo que jamás se me pasó por la cabeza fue que de tanto besarle lo terminaría convirtiendo en un verdadero sapo; y que el castillo donde vive con su reina,  tendría que pagarlo yo, letr…

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

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Laura llega tarde otra vez, pero  le da igual. Sus amigas ya hace media hora que la esperan en el bar de siempre. Hoy no le importa la bronca que le suelten,  sabe que, en cuanto la vean,  van a darse cuenta que las cosas no van bien. El desaliño que lleva encima las va a dejar mudas; pero  eso hoy es lo de menos.   Laura,  la mujer de las prisas constantes, hoy camina  despacio. La mujer de imagen impecable,   va hecha un adefesio,  y le importan un bledo las miradas de los demás. Cuando llegue al bar  será observaba, con asombro y disimulo,  por los que la conocen. La chica bien,  que viste siempre con ropa de marca y se  maquilla hasta las cejas, hoy lleva la blusa mal abotonada, el pelo arremolinado en un moño deshecho en la nuca, y sin maquillaje  que disimule el bajón que trae encima. Llega tarde, sí,  pero va decidida a escalar el peldaño  que la saque del pozo donde ha vivido hasta hace media hora.  Laura al fin se ha dado cuenta, que es mejor tarde que nunca. Llega sin su so…