lunes, 9 de febrero de 2026

LA MALDICIÓN DE LA SANGRE

    



Lo de Alix y Nico fue un amor a primera vista. De nada servía la oposición de sus familias para evitar su relación.

—Abuela, por favor. Deja de presentarme pretendientes… Sabes que no me gusta ninguno, por muy ricos que sean. Y menos que intentes casarme con el primo Alberto, aunque encaje en tus planes.

—Sentido común, Alix… Vuestra sangre está muy entrelazada y ya sabes lo que eso significa. Además, su padre tampoco quiere vuestro matrimonio, te lo advierto.

—Pues por muy reina Victoria que seas, yo quiero a Nico y me casaré con él. Con o sin tu permiso. Es heredero de un imperio y guapo a rabiar. ¿Qué más puedo pedir?  ¡Sus padres son mis padrinos! No os entiendo, abuela.

En otro palacio, lejos de Inglaterra, el joven Nicolás tenía la misma lucha con sus padres.

—No insistas, hijo. Vas a heredar un imperio que necesitará un heredero sano que continúe con la dinastía Románov. Mezclar nuestra sangre con la de esa duquesita alemana no es lo más recomendable, lo sabes.

—Pues estoy decidido, padre. O me caso con ella o con ninguna.

Los tortolitos tuvieron que esperar a que papá Alejandro estuviese en el lecho de muerte para obtener el visto bueno.

—Gracias, padre. Ya puedes morir tranquilo.

Y el zar Alejandro pasó a mejor vida el primer día de un noviembre tan frío como la muerte.

A zar muerto, zar puesto.

El zar Nicolás II le comunicó a su amada que no le quedaba otra que convertirse a la fe ortodoxa para poder casarse con él. Y así lo hizo ella, al día siguiente de morir el viejo, cambió de religión y de nombre.

«Ser la Gran Duquesa Alejandra Fiódorovna, no está nada mal», se dijo para sus adentros la nieta de la reina Victoria. 

A la parejita le urgía compartir lecho. El frío en Rusia no se anda con tonterías y cuanto antes consumasen la pasión mejor les iría. Así que, apenas enterraron al padre, unieron sus destinos hasta el día de su muerte. No echaron cuentas del mal augurio de una boda precipitada cuando el ataúd todavía estaba reluciente. Así les fue.

Tuvieron que esperar a mayo para ser coronados y no se les ocurrió mejor idea que repartir comida entre el pueblo hambriento para celebrarlo. Al parecer, poca. Muchos murieron aplastados intentado conseguir un trozo de pan que llevarse a la boca.

            Mal empezaba la cosa.

Aquella desgracia no le hizo ninguna gracia al pueblo oprimido desde hacía demasiado tiempo. Encima, la zarina era una extranjera alemana, amante del lujo y de las joyas que no hacía nada por caerle bien a nadie. Una siesa.

Alejandra y Nicolás se dedicaron a desgastar sábanas con el roce del cariño, hasta que la carne dio sus frutos: una duquesita, otra duquesita, una más, la cuarta...

—¡¿Otra niña?! ¡Necesitamos un varón! ¡Un heredero!

Los gritos del zar retumbaron en todos los rincones del palacio y más allá.

Y en cuanto pasaba la cuarentena, ¡otra vez a procrear!

Unos añitos después…

— ¡El zarévich!! ¡Salvas de cañones en todo el imperio! — gritaba entusiasmado el papá del niño.

A la quinta, había acertado el tiro.

—Ay, cariño…, creo que el nene ha heredado la hemofilia de la familia— dijo la gran Duquesa a su marido.

—¡Me cago en los patucos del…!

—No blasfemes, Nico. Dicen que hay un curandero famoso en el imperio que es un mago curando enfermedades. Se llama Rasputín.

¡Traigan ese hombre a palacio!

Y el monje vino raudo. Sin saberlo, estaban abriéndole las puertas a la desgracia.

La envidia avivó los rumores. Las malas lenguas murmuraban que el monje le comía la oreja a la zarina y ella le comía el coco al zar para que tuviese en cuenta los chismes de Rasputín.

—Oye, Nico, ándate con cuidado con este y con aquel. Dice Rasputín que conspiran contra nosotros, que no me quieren porque soy extranjera, ni quieren a nuestros hijos… No nos quieren ver ni en pintura, Nicolás. Mucho ojo.

Pues sí. Los rusos estaban hasta las narices del autócrata, de los lujos en los palacios, las joyas de la zarina y de la miseria del pueblo. Además, indignados por las influencias de Rasputín en el gobierno.

 ¡Se acabó!

    El primero en caer fue el monje, el hechicero metido a médico que detenía las hemorragias del zarévich con su magia.  Aunque el tipo era duro y no se dejaba matar con facilidad, al final acabó expirando en medio de un río. Por si acaso se le daba por resucitar, los rebeldes quemaron su cuerpo un tiempo después.

    Al zar Nicolás el gobierno del imperio se le puso cuesta arriba. Demasiado grande, demasiados conspiradores y muchísimo cabreo del pueblo. Sobre todo, eso.

Y llegó la revolución.

—Tranquilos, lo dejo. Voy a buscar refugio en otro país y que os den a todos.

Sus amiguitos europeos le dijeron a los Románov que Rusia era muy grande y en una humilde dacha en Siberia pasarían desapercibidos.

Pero se lo tomaron con calma y los rebeldes los recluyeron en uno de sus palacios. Después, anduvieron con ellos de un lado para otro hasta que obtuvieron permiso para acabar con toda la familia.

Una noche de julio, la sangre de los Románov se derramó sin piedad bajo la furia desatada de unos desalmados. Nadie imaginaba entonces que los últimos de la dinastía serían canonizados. 

 

 

                                                            © Carmen Ferro.2/26

 

 

 

 

 

 

 

 

 

38 comentarios:

  1. Qué bueno, Carmen. El fin de los Romanov contado con gracia y muchísima ironía. Un relato que recoge los episodios esenciales de ese momento en un tono que hace sonreír. Amable pese a la gravedad de lo que se cuenta. Me ha encantado leerte.

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    1. Gracias, Marta. La cuestión es trágica en muchos aspectos, contarla con ironía es más fácil.

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  2. Creo que está muy bien. Así debieran acabar todas las realezas. A poder ser más temprano que tarde.

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  3. ¡Hola! Muchas gracias por participar en el Concurso de Relatos 50 ed. en El Tintero de Oro. ¡Suerte!

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  4. Todo parece verosímil porque se parece mucho a lo poco que sé del tema. Ahora pensaba en que como todos son personajes reales ( aquí doblemente reales), supongo que se puede inventar. O todo lo que he leído es real o yo soy muy crédulo.
    Abrazooo

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    1. Hola, Gabiliante. Son hechos conocidos, yo solamente me he permitido imaginar este relato. Un abrazo.

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  5. Hola Carmen, muy bien contado la historia de los dos tortolitos. Se hace muy amena y además muy dinámica. es una buena manera de estudiar historias con tus relatos. Suerte y un abrazo.

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  6. Hola Carmen. La historia de los Romanov contada de forma muy amena. Una buena manera de aprender el pasado.
    Un abrazo. Marlen

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    1. Gracias, Marlem. La experiencia me ha mostrado que se aprende mejor cuando te enseñan Historia de forma amena.
      Un abrazo.

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  7. Hola, Carmen. Me ha gustado mucho cómo nos vas narrando la historia de los Romanov con un toque desenfadado e irónico, lo que desdramatiza un tanto la dura e injusta realidad que hay de fondo.
    Enhorabuena, te felicito.
    Un fuerte abrazo, compañera.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Muchas gracias, Patxi. Me gusta la Historia, me alegra que haya logrado entretener con este relato.
      Un abrazo, compañero.

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  8. Hola Carmen la historia de estos dos tortolitos contada con en espíritu crítico y divertido.
    Te felicito te quedó una historia entretenida y agradable de leer
    Un abrazo
    Puri

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  9. ¡Ah!, que se me olvidaba. Te deseo mucha suerte en el Tintero.

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    1. La suerte es compartir este espacio con buenos contadores de historias desde hace tanto tiempo. He aprendido mucho con vosotros.

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  10. Hola Carmen!
    Vaya un meteórico resumen nos has hecho de esta historia! Así con tus palabras y ese tono especial, entre humorístico y sarcástico, todo se entiende mucho mejor! Je, je! Un abrazote y suerte en el concurso!

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    1. Gracias, Marifelita. He disfrutado escribiendo este relato y vuestra buena acogida me está recompensando el esfuerzo de sintetizar esta historia en tan pocas palabras.
      Un abrazo.

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  11. Hola Carmen. Una cosa que me ha gustado de tu relato es que no te tiembla la mano en hacer hincapié, más de una vez, en la diferencia en el estilo de vida opulento de los zares y quienes los apoyaban, y la absoluta miseria del pueblo, que fue al final, entre otras cosas, lo que propició su caída. Efectivamente, esta es una realidad histórica que pocas veces se tiene en cuenta al hablar de las vidas idealizadas de aquellos que han trascendido a la memoria. Y en este caso, tuvo consecuencias muy trágicas para la familia. Como positivo cabe destacar que el Zar Nicolás y la Zarina Alejandra se amaban de verdad, quizás si la vida del pobre desdichado hubiera transcurrido al margen de un imperio que como dices le venía grande, hubiera vivido más feliz, y sobre todo hubiera vivido más. Por cierto, del cuerpo de Rasputín se conservó una parte que aún se guarda en formol hoy en día (o al menos la leyenda le atribuye esos atributos, valga la redundancia). Una forma amena y simpática de contar el final trágico de una dinastía imperial, muy al estilo Concostrina. Un abrazo.

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    1. Hola, Jorge. Gracias por tu amplio comentario. Se percibe que eres buen conocedor de la Historia y en tus escritos se nota que, además de talento para contar, sabes de lo que hablas.
      El miembro de Rasputín que, según cuentan, se conserva en formol será un buen tema para un relato de otra temática menos dramática.
      Me gusta la Historia, voy a charlas de un historiador de nuestra ciudad, muy ameno en su forma de contar, y me encanta Nieves Concostrina, gracias por la comparación.
      Un abrazo.


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  12. Hola, Carmen. Tu relato sobre Alix y Nico (Alejandra y Nicolás II) fluye como una novela histórica con un toque humorístico, se lee con facilidad sin quitarle la dureza al asunto. ¡Suerte en el concurso! Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Eitán. La suerte es compartir este espacio enriquecedor con tan buenos contadores de historias. Un abrazo.

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  13. Una casa de nobles muy legendaria ya dados a conocer con el libro de Tolstoi, pero que mas adelante en el siglo XX tuvieron triste final. Gente legendaria, muy poderosa. Bella manera de enmarca la historia de esa dinastia

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  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  15. Triste destino le aguardaba a ese amor , mis felicitaciones.

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  16. Hola, Carmen. El drama de los Románov muy bien narrado, como ya nos tienes acostumbrados. Ayuda mucho esa "actualización" de los diálogos, muy cercanos y atractivos.
    Te deseo lo mejor en el concurso. Un abrazo.

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  17. Hola, Carmen!
    Me ha sorprendido cómo has plasmado una historia tan larga en tan poco espacio, a golpe de diálogo, todo bien mostrado y con un tono desenfadado que le añade un plus a la narración. No soy mucho de historia, pero he reconocido la revolución rusa que puso fin s este país en la primera gran guerra ocasionando una propia que, bueno, fue como lo narras, un correcalles donde unos se llevaron todo lo que se pudo por delante.
    Me ha fascinado cómo lo has llevado, muy bueno.
    Un abrazo y suerte

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  18. Hola.. has contado la más triste y repetitiva de las historias.. la desconexión de los gobernantes con su pueblo hasta que la realidad les enfrenta.. en este caso, en un paredón.. excelente relato. Saludos.

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    1. Muchas gracias, Octavio. La historia no para de repetirse, la sociedad avanza en tecnología y suspende en humanidad. Un saludo.

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  19. Hola, Carmen. Si en los libros de texto se contara la historia como tú los has hecho, todos los niños y no tan niños la aprenderían pasándo un buen rato y no tragándose hechos y fechas de memoria, je, je.
    Esta ha sido la cara B de la historia de los Romanov, la cara más divertida y menos dramática, pero real como la vida misma. Me ha encantado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Estoy totalmente de acuerdo, siempre he sido un desastre en memorizar fechas y datos, son más entretenidos los hechos.
      Ahora, en mi tierna senectud, estoy disfrutando de conocer la Historia sin tener que rendir cuentas en un examen.
      Un abrazo.

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