A Marina, cuando era niña, le entusiasmaban las que inventaba su abuelo en aquellos cuentos que siempre comenzaban diciendo: érase una vez un niño...
Recuerda sus palabras como si las acabase de escuchar, a pesar de saber que era imposible oír lo que nunca se había pronunciado. Pero él era tan buen narrador, que sus
gestos y sonidos creaban una melodía acompasada en la que volaba la imaginación de
sus cuatro nietas.
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Érase una vez un niño pastor que
tenía miedo a los lobos, pero no le quedaba más remedio que ayudar a cuidar de
los animales de la familia que pastaban en los montes de la sierra.
A Juancito no le incomodaba la
tarea de guardar el rebaño, ni la dificultad de los caminos. Lo que no
soportaba era el miedo a los lobos y a su malvado tío.
Cuando escuchaba los aullidos lejanos,
se le clavaban los pies en suelo como si le creciesen raíces en las
botas y no podía dar ni un paso. Un terror que su tío le sacudía a varazos en
las piernas. Tanto, que llegó a temer más al tío que al lobo.
Una noche, la abuela se fijó
en sus heridas y le preguntó qué le había pasado. Pero él no quería contarlo y
se escapó corriendo al granero para ocultar el llanto. Ella lo siguió y lo
acunó en su regazo para calmarlo. Entonces, le habló de su miedo al lobo, de
los palos del tío y de las botas que pesaban como si fuesen de hierro.
—Pobre niño mío— le dijo la
abuela—, te voy a hacer un regalo. Vente conmigo.
Le tomó de la mano y subieron
al desván. La abuela sacó de un baúl un par de botas destartaladas. El
niño la miró desconcertado, pues estaba seguro de que con aquel calzado
caminaría mucho peor.
—Mira, mi amor. Esto lo guardo
para ti desde hace unos años. Son las botas de tu padre, tu única
herencia. Él era muy valiente, ya lo sabes. Sé que todavía son un poco
grandes para tus pies, pero estos cordones son mágicos y los vamos a poner en
tus botas. Ahuyentarán tu miedo y nunca más volverás a quedarte paralizado.
Juancito quitó los cordones de
las viejas botas de su padre y los puso en las suyas. Cuando las calzó, se
sintió felizmente protegido como por arte de magia.
Desde aquel día, nunca más se
quedó parado ante ninguna dificultad. Su valor era tan fuerte que, cuando su
tío levantó la vara para pegarle, se la partió en pedazos y le amenazó con
sacarle los ojos si volvía a tocarle.
Jamás dejó
de usar aquellos cordones.
Cuando creció y dejó el pastoreo por un trabajo en Suiza, tejió con ellos una pulsera que lo acompañó toda la vida. Aquel cuero gastado en su pulso era una inyección que le transmitía el valor de su padre y le hacía sentirse fuerte.
Nunca más tuvo
miedo a nada. Ni a nadie.
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Marina contaba ese cuento a su hija pequeña, acariciando
la pulsera de cuero que llevaba en su muñeca, inventando las palabras que nunca había oído de boca de su abuelo. Pero aquellos
cordones, aquellas botas, aquellos lobos y las palizas que su padre
le daba a su madre muda, cuando venía borracho de la taberna, estaban marcados
en su memoria como heridas de una quemadura profunda.
Los cuentos de un anciano sordomudo habían sido el bálsamo para soportar el dolor y el miedo que sentían las
cuatro niñas que volaban en la escoba mágica de la voz inexistente de su
abuelo.
Cómo atizaron al padre borracho,
una noche de tormenta hasta reventarlo, es una historia que jamás será contada.

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Cómo contrarrestar la violencia si no con violencia. A veces también es autodefensa.
ResponderEliminar¡Qué grande eres, Carmen!... el elegir las botas de Van gogh (mi pintura preferida, la que habla del recorrido de sus pies y de su vida)... el título grande... el modo en que la abuela protege a su nieto y lo ata con la cuerda a la vida y al NO MIEDO... muy grande... la madre, la historia, tu manera de escribir...Grande.
ResponderEliminarHola, Carmen, qué bonito. Al leer el titulo me he ido por otro lado, sí, he pensado mal, jeje. Luego ya he visto la foto y me he dado cuenta de que pensaba mal. Me ha encantado el desarrollo del cuento, pero el final es una maravilla, muy bien trazado. Un mensaje fundamental: no tener miedo y hacerse grandes en la adversidad aunque seas pequeña... Te felicito por el relato.
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
La Historia (real) no es tan importante, cuando entre los gestos del abuelo y la imsginacoon de las niña, se puede construir una historia ( ficticia), que transmite el mensaje de ambas. Ese amuleto que msterisliza y ancla el valor a un objeto físico al que agarrarse, sea en gorms de cordines como en forma de pulsera.
ResponderEliminarEl valor para enfrentarse o tomar una determinación entre 4. A veces el final tiene que ser trágico, para ser realmente final.
Abrazooo
Ah. Y muy bueno el titulo.
ResponderEliminarHola Carmen y hasta de los peores momentos de la magia y de las anclas en este caso los cordones. Se crea un futuro y la vida. Gracias por tu relato. Un abrazo.
ResponderEliminarHola Carmen nos ofreces una historia triste muy bien desarrollada y con un final alentador para esa mujer.
ResponderEliminarMuy buen relato
Un abrazo
Puri
Maravilloso, Carmen. Un cuento precioso, muy poético y muy dulce en la forma, lleno de simbolismo, que va girando hacia un final tremendo sin perder la suavidad en la forma de contar. Me ha gustado muchísimo.
ResponderEliminarHola, Carmen. Que dura debía ser la vida antaño en esos pueblos aislados, rodeados de miseria, en los que las cosas se quedaban allí. Seguramente habrá historias que darían para escribir varios libros. Tanto Marina como Juancito sobreviven conjurando el miedo cada uno a su manera, con la esperanza de un futuro mejor, o al menos, de un futuro. Un abrazo.
ResponderEliminarHola, Carmen! Con un par de varias historias enlatadas en una más grande. La historia placebo de un objeto mágico que sigue siendo un placebo todo contado por un narrador sin igual y con unas brujas que al final, como un efecto dominó, se toman la ley por delante y resarcen al resto. Me sorprendiste con ese inicio, no sabía si era real o parte de la historia. Hay esos cordones, que vienen de Van Goh y que surcan generaciones, historias ficticias y regalan su poder a quien lo necesite. Una delicia de historia, compañera
ResponderEliminarMuchas gracias por tu aporte y un fuerte abrazo!
Y feliz año nuevo!