Que el amor es ciego lo aprendí en la mirada de aquellos
ojos que me atrapaban en su espiral magnética para arrastrarme al pozo
profundo de la lujuria sin mesura.
En aquel fondo oscuro, yo era feliz. Enmarañado en una
piel que sabía a oliva verde, seducido por su carne de seda firme,
mientras me quemaba en su mirada candente. Sin temor a las llamas.
Una y otra vez, mi voluntad claudicaba, subyugada por el encanto de la locura, hasta que el hechizo se desvanecía en la tenue luz del alba. Entonces, la enigmática silueta desaparecía sin despedirse, engullida por una bruma amarillenta, dejando el aroma de su sudor impregnado en mi cuerpo abandonado en el lecho de la muerte dulce.
Que sudase azufre
debió hacerme sospechar. Y más todavía,
sus impresionantes ojos sangrantes en el gozo, como el atardecer derramado en
el horizonte. Pero mi razón había sucumbido en aquel paraíso imprevisto. Así de
ciega es la pasión.
A veces, tardaba en regresar. Entonces, imaginaba su mirada
de telaraña en el techo de mi cuarto. Inventaba su nombre, agitado en mi sueño
de fantasías, arropado por la sábana que envolvía mi delirio en seda, hasta que
el olor a azufre embriagaba mi nostalgia.
Oh, Olivia mía— suspiraba al recordar.
Al abrir los ojos, allí estaba la mirada malévola en un
rostro inesperado, con su boca abismal riéndose a carcajadas, sujetando en sus
garras el cartel que me indicaba la salida del edén.
Sin duda, una visión más amable que las que estamos mostrando en otros micros, hasta con un puntito lorquiano si se me permite decirlo. Súcubos e íncubos pueblan las noches en vela de ciudades y pueblos, con o sin cuernos, jeje. Gracias y un saludo.
ResponderEliminarGracias a ti, Fernando, por esclarecer en tu comentario la esencia primigenia que ha inspirado esta historia. Un saludo.
EliminarMuchas gracias por participar, Carmen. Un abrazo enorme.
ResponderEliminarGracias por la propuesta del reto, Bruno. Participar es un placer cuando la provocación es tan tentadora. Un abrazo.
EliminarPrecioso, Carmen. Un micro poético y muy sensorial con un toque de melancolía por lo perdido. Me ha gustado mucho y el final con esa referencia a la salida del edén me ha parecido genial.
ResponderEliminarMuchas gracias, Marta. El paraíso está vetado a los que se dejan seducir por la tentación. Al menos, eso me han enseñado.
EliminarEl diablo siempre ha sido simbolo de la pasión y la lujuria desenfrenadas, quitándole el mérito al natural deseo humano! Je je! Me ha gustado mucho el toque poético de tu relato! Un abrazote Carmen!
ResponderEliminarHola, Maifelita. La tentación de la carne es un mérito que le han adjudicado al diablo, pero creo que se han equivocado.
EliminarUn abrazo.
Un relato muy poético y sensual. No cabe duda que el diablo sabe lo se hace...Saludos!
ResponderEliminarlady_p
Hola, Lady. La sabiduría de años incalculables, tiene el viejo. Un saludo.
EliminarHola, Carmen. Te ha salido un estupendo micro: sensual y demoníaco. El Diablo disfrazado de "Olivia" haciendo de súcubo, o de novia narcisista que es más actual, hasta que se le acaban las ganas es infernal. Forte abrazo.
ResponderEliminarHola, Eitán. El diablo es muy hábil en la caza de incautos a los que llevar a su terreno, sus métodos son inagotables. Un abrazo.
EliminarHola Carmen un relato tan erótico como fatídico. El protagonista ya ve su camino trazado fuera del paraíso. Bien escrito Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Ainhoa. Es probable que la sensualidad y el erotismo hayan sido la manzana que nos ha condenado a vivir en este infierno. Un abrazo.
EliminarHola Carmen. El juego con el nombre "Olivia" (de oliva verde en la piel) es sutil y evoca pureza mediterránea/terrenal, pero esconde el demonio (posible guiño a súcubos mitológicos o simplemente un nombre inventado para humanizar la tentación de quien narra la historia). Es la pasión como ceguera voluntaria, el placer que quema sin temor (hasta que quema el alma), la nostalgia que invoca al demonio de nuevo.
ResponderEliminarUnas palabras hermosas, Marcos. Gracias. Has captado la intencionalidad del nombre "Olivia". Tiene dos conceptos en el contexto: la evocación del sabor de la aceituna verde, fresco, amargo y picante de la seductora tentación pasional, sin la dulzura del amor. Y al mismo tiempo es un nombre inventado para humanizar al narrador y mostrar su nostalgia de la sensación arrebatadora al revolcarse en las cenizas del abandono.
EliminarLa lujuria es uno de esos pecados capitales que nos enseñaron en el catecismo. Algo que ver también con el sexto y el noveno de los diez mandamientos. Con él lo tiene fácil el demonio para hacer caer a los más apasionados de los pecadores que en el mundo habitan.
ResponderEliminarAbrazo.
Eso es, Francisco. Las enseñanzas del catecismo en una lista que muestra las aguas más suculentas para que el demonio meta la caña y pesque pecadores a mansalva.
EliminarUn abrazo.
Creo que ese es un problema: humanos con seres espirituales es mala mezcla, y como que es prohibido que estos diablillos o angeles prueben carne.....
ResponderEliminarpero la tentacion esta alli, la carne da placer, es muy tentadora
Siempre acabamos expulsados de algún paraíso. Hay algunos que se echan de menos con mucho dolor; supongo que éste será el caso, como dices en el micro: "así de ciega es la pasión".
ResponderEliminarMe han gustado mucho las imágenes que conjuras con tus palabras. Tiene algo de poético tu micro. Enhorabuena.
Hola Carmen. Un micro muy sensual y muy bien tejido. Me gustó mucho cómo conviertes la tentación en una experiencia casi hipnótica, llena de imágenes intensas y muy físicas, para rematar con ese giro final que mezcla erotismo, azufre y expulsión del paraíso. El juego con "Olivia"/"oliva verde" me parece especialmente brillante.
ResponderEliminarUn abrazo de Marlen
Pobrecillo Popeye. Tenía que haberse dado la vuelta y ponerse a dormir ante la tentación. Parece una prueba con trampa.
ResponderEliminarSeguro que si tiene poco interes, dirán que fue muy fácil rechazar y restaban mérito.
Abrazooo
Hola Carmen ese diablo de verde oliva es tentador y atrapa a Olivia para hacerla caer en sus garras.
ResponderEliminarInteresante tu micro
Un abrazo
Puri
Hola, Carmen. Un placer leerte. Ese paraíso perdido parece que valió la pena.
ResponderEliminarUn abrazo
Que tentación. Mis felicitaciones 🙌
ResponderEliminarHola, qué manera de envolver el deseo en ese aroma a azufre y oliva verde, haciendo que la condena sepa a paraíso mientras dura la noche. Me encanta cómo narras esa espiral magnética donde la razón claudica una y otra vez, y el cuerpo queda abandonado en el “lecho de la muerte dulce”, porque ahí está el vértigo verdadero: saber que quema y aun así volver, inventar nombres, enredarse en la sábana como si fuera la única forma de seguir dentro del hechizo. Y ese final con el cartel de la salida del Edén sostenido entre garras me ha parecido genial, porque de pronto todo lo que era pasión ciega se convierte en una trampa que ya tenía letrero, y uno se da cuenta de que el infierno también sabe a nostalgia. Abrazos virtuales desde Puerto La Cruz, Venezuela
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