LA LECTORA DE SUEÑOS
Aceptar una oferta de trabajo, como persona de compañía de un anciano
amargado, no era el mejor plan de mi vida. Desde el principio, supe que no
sería una tarea fácil.
—El señor es de carácter complicado—me advirtió su sobrino—. Un hombre afligido
que nunca superó la muerte de su esposa. Por eso, usted debe ser paciente y comprender
sus arrebatos de mal humor. Por lo demás, comprobará que mi tío es un hombre educado
y culto, que adora los libros y la música. Mentiría si le digo que es
encantador, pues sé que no se deja querer con facilidad. Sin embargo, confío en
que encontrará la manera de llevarse bien con él.
Escuchar a su sobrino describir con tanta claridad el reto al que iba a enfrentarme,
para mí era una motivación.
— Yo sólo me he ocupado de buscar a la persona adecuada—continuó—, el señor
es quien ha tomado la decisión y le pide que comience cuanto antes. Como ya le
he comentado, su visión es muy deficiente, por eso le ha dado tanta importancia
a la voz de las candidatas y debe saber que la suya le ha fascinado. De hecho,
insiste en que el salario no sea un impedimento, ya que está dispuesto a ser generoso.
Hizo una pausa, pero no me atreví a preguntar la cifra, ni mucho menos, si
tendría un contrato laboral con mis derechos. Además, seguía informándome de
detalles no menos importantes:
—Si usted acepta, deberá venir todas las tardes a su casa, excepto los
domingos y los festivos, y su cometido será acompañarle de manera activa. Le
aseguro, que los paseos y las lecturas no serán las tareas más fatigosas.
Confieso que, en aquel momento, me asaltaron las dudas. No creía que
hubiese tenido demasiadas competidoras dispuestas a soportar el mal carácter de
aquel hombre… Si, además, el señor estaba dispuesto a pagar un salario generoso,
algún motivo tendría que haber para merecerlo.
Me gustan los desafíos. Y aquí estoy, ni por mi conciencia social sobre la
soledad en la vejez, ni por la ambición de un salario que dobla a cualquiera de
los que había ganado hasta ahora. Lo que realmente me entusiasma, de este trabajo,
es la idea de poder estar todas las tardes en esta asombrosa biblioteca,
repleta de libros antiguos.
Tengo veinticinco años. Vivo con mis padres, en un pueblo marinero a trece
kilómetros de este palacio. Terminé mis estudios de enfermería hace un par de años,
pero, sin duda, me atrae más el arte. Y sobre todas las cosas, adoro la poesía.
Desde la primera tarde, comprobé que el sobrino del señor marqués no había
exagerado. El anciano vive entre la soledad de sus posesiones y es tan gris
como su pelo. Se llama Marcial, pero, al presentarnos, me dejó claro que debo
llamarle Don Marcial.
Y sí, el señor es bastante huraño. Tardó casi un mes en sonreírme, aunque
siempre se mostró correcto conmigo. Sabía que no iba a tener muchas
oportunidades de encontrar a otra joven que aceptase este empleo con alegría y
buen humor.
En esta casa todo huele a pasado. Los espesos cortinajes impiden que
pase la luz del exterior, y los retratos al óleo, que cuelgan en las paredes
del palacete, son como fantasmas que me vigilan sin descanso. Según mi jefe, sus antepasados son los únicos
familiares que le caen bien.
Todo lo
demás no me disgusta.
Cada tarde, al regresar del paseo por los jardines de la plaza, nos
acomodamos en la sala repleta de libros y leo en voz alta para Don Marcial. No los elige al azar. A pesar de su limitada
visión, sabe dónde se ubica cada uno de ellos y me consta que algunos los ha
leído en más de una ocasión, pues conoce hasta las comas donde debo hacer las
pausas.
Le gusta cambiar con frecuencia de libro—quizá le aburra repetir las
historias que ya conoce al dedillo—. Sin embargo, no se cansa del poemario que tiene
en su escritorio, del que debo recitar un poema cada día.
El noble señor me inspira ternura. Verso a verso, noto como su mirada
recupera el brillo. La poesía es un bálsamo sanador, sin duda. Se la recito con
pasión, con calma, con el alma abierta de par en par. Él se emociona, y yo
aprovecho esa rendija para inyectarle la motivación vital que tanto necesita.
Según su sobrino, su ánimo ha mejorado desde que vengo a leerle historias. Dice
que se enoja menos y se le están olvidando algunas de sus manías.
Es cierto, el hombre se recupera del ostracismo poco a poco. Su piel está
menos pálida y hasta se ríe a carcajadas, cuando, alguna que otra vez, le
cuento la historia de un par de brujas pícaras que invento sobre la marcha.
Entonces, en sus ojos brilla la ilusión de un niño. Sé que me estoy ganando su confianza,
por eso le conté que yo también escribo poesía.
Hoy es el cumpleaños de Don Marcial y vamos a darle una sorpresa. Además de
la tarta, he traído mi cuaderno de poemas. Aunque, confieso que me da mucho
pudor intentar competir con los selectos libros del señor marqués.
Al regresar del paseo, en el salón nos espera el pianista que contrató su
sobrino para amenizar esta tarde especial. Alguien ha abierto las cortinas y el
paisaje otoñal asoma su luz por las ventanas, llenando la estancia de
nostalgia. La atmósfera, que envuelve esta casa insulsa cuando suena la música
en el viejo piano, es seductora y cálida.
El anciano camina despacio hasta su gastado
sillón y contempla la escena, emocionado: sobre la mesa, su favorita tarta San
Marcos— hecha por mí— decorada con demasiadas velas; las flores en un
jarrón y la tarjeta de su sobrino, felicitando su cumpleaños con cariño, pero excusando
su ausencia; además de un pequeño paquete envuelto en papel dorado que no quiso
abrir.
Sólo nos acompañan los antepasados estáticos en sus marcos dorados y un
pianista entregado a su buen hacer.
Saco del bolso mi libreta azul, me siento a su lado y estrecho sus manos
entre las mías. Mirándole a los ojos, le recito:
Teje la
melancolía
cortinas del pasado
con hilos de lana vieja.
La luz desteje la trama
del alma deshilada
por
el telar de la vida.
Vestida de
hojas secas
llega esta tarde
nueva, para ser tuya
fresca, para ser mía
libre, para ser nuestra.
Marcial sopla su débil aliento sobre la multitud de velas que iluminan el
pastel que celebra la vida. Apago las que quedan encendidas con el vigor de mi
soplido y, después, le beso en la frente.
Una emoción nueva me recorre el alma al sentir cómo se estremece. Me olvido
de quienes somos y beso sus lágrimas, deseando que este momento se quede
anclado para siempre. Por unos instantes, se desvanece el abismo que nos
separa. Sus manos temblorosas apresan las mías, temerosas de romper el hechizo.
Le ofrezco el beso y sus labios se
abren como rosas secas, deshojándose en la proximidad de dos cuerpos plenos de
vida.
El pianista sigue el concierto, ajeno a nuestro maravilloso y breve
encuentro con el deseo. Leo los sueños de Marcial y me sobresalto al sentir la
verdad. Me sorprende este sentimiento, alejado de la debilidad y la compasión, que
me invade. Mientras, sus dedos escriben versos en mi piel.
© Carmen Ferro
Muchas gracias, Carmen, por participar con este relato en el homenaje a Fitzgerald. Un abrazo y suerte.
ResponderEliminarGracias a ti por colaborar en que esto sea posible. Un abrazo.
EliminarEl amor y la ternura no tienen edad enhorabuena Carmen. Un saludo.
ResponderEliminarExacto, Ainhoa. Con frecuencia se nos olvida. Un saludo.
EliminarEsa evocación del otoño -vital, en este caso- me ha encantado. Excelente relato, muy buena suerte.
ResponderEliminarGracias, Guille. Un saludo.
EliminarEl amor llevado a su maxima expresión, superando obstaculos disfrazados de tiempo en alas de la poesía... ¡hermoso relato!...
ResponderEliminarGracias, Octavio. La vida sazonada con poesía sabe mejor. Un saludo.
EliminarTu relato me ha emocionado, has sabido captar un momento maravilloso con tus palabras. Un momento mágico. Creo que has acertado en dejarlo ahí, aunque uno quiera imaginarse un futuro pero creo que es mejor quedarnos con esa emoción, con ese milagro. Suerte en el concurso.
ResponderEliminarGracias, Ana. Esa es la intención. Me alegra leer lo que comentas. Un saludo.
EliminarUn amor inesperado, un amor sanador, pero tan lejos de una realidad, que estremece.
ResponderEliminarYa sabes, Gustab. El amor también es ilusión, fantasía y, sobre todo, atracción mental. Un saludo.
EliminarVaya!!! Bonita historia, pero triste. Enamorarse de alguien de alguien en esa situación es digno de admiración y de estudio.
ResponderEliminarHola, delaFlor. El amor no tiene más barreras que las mentales. Y sobre el tema existen multitud de estudios. Un saludo.
EliminarCarmen, me has enganchado desde la primera perorata del sobrino del señor marqués. Eso es saber captar la atención, desde luego.
ResponderEliminarAsí que tenemos a una enfermera sin vocación y con curiosidad por los libros.
Pregunta: ¿los versos son tuyos, Carmen? Me gustan, y va como anillo al dedo dentro de la trama, no desentonan nada con el ambiente.
A veces ocurren instantes, que como un milagro, florece el hecho prodigioso de no importar la edad, el estatus, las diferencias generacionales… y desde luego, lo has sabido plasmar.
Apunto tu relato como uno de mis preferidos, sin duda.
Muchas gracias, Isabel. Los versos son de mi creación, sí. Agradezco que te hayas fijado en el detalle y lo valores. Un abrazo.
EliminarUna preciosidad, Carmen, leyéndolo atrapada de principio a fin. El poema es grande, una perlita para cerrar la historia. Me ha encantado.
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Maite. Me alegra leer lo que comentas.
EliminarUn abrazo.
Un relato precioso. Parece mentira que uno de los prejuicios a vencer por el amor sea la edad, pero desgraciadamente así es.
ResponderEliminarUn beso y mucha suerte en el concurso.
Gracias, Rosa. El amor es un prisma de muchas aristas.
EliminarUn abrazo.
Que bien lo cuentas Carmen, da gusto leer esa relación entre la lectora y ese anciano rosmón,( que diríamos por aquí ) y como poco a poco se convierte en algo tierno .
ResponderEliminarPreciosa historia.
Un abrazo
Puri
Hola, paisana. A veces las personas son rousmonas porque necesitan cariño y no lo saben.
EliminarUn abrazo.
Qué relato más lleno de ternura y de poesía. Me encanta. Porque el amor no sólo es deseo, también es ternura, complicidad, compartir momentos tan bellos como el que nos ha narrado. Me ha emocionado, Carmen!
ResponderEliminarGracias, Mayte. El Amor pleno es un sentimiento que engloba todos esos matices a los que te refieres. Un saludo.
EliminarHola Carmen , cuanta ternura y delicadeza hay en este reto
ResponderEliminarme a gustado muchísimo , mientras te leía me acorde de mi abuelo que murió con 103 años , y también solía leerle , ahora que el era guarda agujas de la Renfe , te deseo mucha suerte en este bello reto tuyo ,te deseo una feliz tarde besos de flor.
Muchas gracias, Flor. Comprendo que te hayas emocionado con esta historia, por lo que cuentas sobre la lectura a tu abuelo.
EliminarBien por la protagonista; no solo supo penetrar la coraza de la amargura del anciano sino que llegó más allá a través de la poesía. Cuando dos almas enamoradas de las letras coinciden, se crean lazos que no se desatan fácilmente.
ResponderEliminarMuy bonita historia romántica a pesar de ese abismo generacional.
Un abrazo.
Gracias, Francisco. Es verdad que el amor por los las letras une mucho. Un claro ejemplo, que también tiene su punto de romanticismo, somos el grupo de Tinteros: almas dispersas en lugares distantes, con realidades diversas, coincidimos en el espacio virtual porque nos une el amor por las letras.
EliminarUn abrazo.
Un lenguaje de pura emoción y ternura. Me gusta todo, pero sobre todo que hayas elegido el punto de vista de esa enfermera- poeta y no el clásico de un viejo gruñón que se enamora de la jovencita. El poema es de primer nivel. Felicitaciones. Un abrazo
ResponderEliminarMuchas gracias, Juana. Agradezco que destaques el punto de vista diferente. Es habitual que se cuente la historia a la inversa, como señalas.
EliminarUn abrazo.
Quizas son almas que ya se conocen de otros tiempos, pero ahora tienen que vivir el uno viejo y la otra joven. De esa manera los versos seran mas fuertes e intensos. Mas reales que la realidad.
ResponderEliminarTe agradezco el planteamiento, Jose. No se me ha ocurrido enfocar la historia así. Pero tomo nota para otra ocasión, lo místico me encanta.
EliminarUn abrazo.
Hola Carmen. De un tiempo a esta parte veo que han mejorado mucho la calidad de tus relatos, y creo también que te los tomas más en serio. Es cierto que en este el final se adivina en la primera frase, pero a partir de ahí el relato va de menos a más en una progresión constante. Muy bien expuesto, manejando los tiempos y la información que se da al lector, con dos personajes muy bien perfilados y que en principio no parecen tener en común nada salvo su pasión por la lectura, donde convergen sus intereses comunes y su punto de encuentro que es el hilo a través del cual van forjando su relación. A partir de la escena del cumpleaños se encamina el relato hacia la apoteosis final, con ese bello poema y la escena en la que se dice todo con mucha delicadeza y sin aspavientos innecesarios, con frases hermosas y cargadas de fuerza literaria. Sin duda un candidato a aspirar a lo más alto. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias por tus palabras tan generosas, Jorge. Es cierto que voy avanzando, madurando en la escritura. Y tienes razón en que ahora me lo tomo más en serio.
EliminarComencé a publicar relatos en el blog, solo por el objetivo de participar en los retos del Tintero (y porque tenía una pierna rota), tal como te lo digo. Sabía que era una manera de retarme a mejorar la forma de contar, ya que en el grupo hay participantes que cuentan y escriben muy bien. Aprendo de todos vosotros, los que escribís genial, los que lo hacen dignamente y los que ponen toda la ilusión en su relato para participar en los retos, como hacía yo cuando comencé. Y algo fundamental, aprendí recursos para mejorar la calidad de los textos. Porque no solo se trata de narrar una historia interesante, tanto cuenta el fondo como las formas.
Gracias sinceras por apreciar el esfuerzo. Un abrazo.
sorprendente e inesperado final, sobre todo para la protagonista, y creo qte tambien para el abuelo, aunque este ultimo, parece que ve iluminarse su vida dia a dia. a poesia tambien esta genial , haciendo un paralelismo con las cortinas que describes al principio.
ResponderEliminarsin animo de criticar, tal y como yo lo veo en el ordrnador, creo que la ultima palabra de cada verso de la ultima estrofa, se te ha corrido al verso siguiente, y le resta merito a la rima.
me ha gustado mucho
abrazo
ah ...y la ultima frase, maravillosa
ResponderEliminarMuchas gracias, Gabilante. Te respondo también al comentario anterior: en primer lugar, las críticas constructivas siempre son bienvenidas, me ayudan a mejorar. En mi pc veo los versos tal como los escribí. Quizás pude trabajarlos un poco mejor, pero me salieron así. Esas palabras descolocadas solo pretenden remarcar que es una tarde especial.
EliminarUn abrazo agradecido.
Maravilloso, Carmen. Me has hecho llorar. Tanta ternura y emoción solo son posibles cuando una mano que es guiada por el corazón las genera. Te felicito.
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Mirna. Me alegra que hayas sentido emociones positivas.
EliminarUn abrazo.
Hola, Carmen. Historia redonda, para el reto de este mes, te has marcado. La inclusión de la poesía ha sido la guinda al pastel donde los sentimientos han corrido libres sin atadura, ni condición, ni edad.
ResponderEliminarMe parece que la chica cumplirá sus sueños y acabará siendo la propietaria de la biblioteca y lo que la rodea.
Saludos y suerte.
Gracias, JM. Como dice la canción: quizás, quizás, quizás... (o no).
EliminarUn saludo.
Hola, Carmen. Dicen que el amor no tiene fronteras, que mueve montañas y que no tiene edad tú has demostrado todo eso. Me ha parecido un bellísimo relato y una poesía de premio,muy bella, que engrandece el relato y a ti. Me quedo con un buen sabor de boca. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Isan. Especialmente, por tus palabras sobre la poesía. Son muy generosas.
EliminarUn abrazo.
Hol, Carmen. El poder sanatorio de la lectura llevado a lo máximo gracias a tu buen hacer. Muy tierna tu historia. Muy emotiva. Felicidades.
ResponderEliminarMuchas gracias, Bruno. Sin duda, la lectura por placer es sanadora. Sea del género que sea.
EliminarUn abrazo.
Enhorabuena, Carmen, por el relato y por los versos que he leído que son tuyos. Un relato que es pura poseía llena de amor en su máxima expresión. Muy muy buen relato.
ResponderEliminarUn abrazo!
Muchas gracias, Pepe. Me encanta la poesía, pero escribirla, para mí, es un ejercicio complicado. Tiene que fluir y con frecuencia se resiste.
EliminarUn abrazo.
Me ha gustado mucho el contraste entre la soledad y el ostracismo del anciano, con la generosidad y la sensibilidad de su cuidadora. Los sentimientos no tienen edad. Muy buen relato, Carmen. El pequeño poema le viene como anillo al dedo a la historia.
ResponderEliminarMe ha gustado el relato. Suerte en el Tintero. Un abrazo.
Gracias, Carles. La historia puede interpretarse desde distintos ángulos. Pero me alegra que aprecies esas cualidades en la cuidadora, ya que son las que quise mostrar en el personaje.
EliminarUn abrazo.
Hola, Carmen. Muy bien planteado y estructurado, con poema incluído. Me has dejado sin palabras. ¡Buen trabajo!
ResponderEliminarSuerte en el concurso y un beso.
Hola, MJ. Agradezco mucho tus palabras. Un beso.
EliminarHola, Carmen. Un relato precioso en su conjunto. Va de menos a más, con el poema explosiona y el final cierra el circulo de una forma espectacular. De los que más me ha gustado hasta ahora.
ResponderEliminarEnhorabuena por el cuento.
Un abrazo.
Muchas gracias por tus palabras, Pedro.
EliminarUn abrazo.
Es precioso, Carmen, tanto la sensibilidad del relato como el poema. Encantada de leerte, Un abrazo
ResponderEliminarMuchas gracias a ti, Lola, por acercarte a leerme.
EliminarUn abrazo.
Un relato hecho poesía, tierno y con un matiz único. Abrazos virtuales desde Venezuela
ResponderEliminarGracias, Raquel. Un abrazo.
EliminarMe encantó la incorporación de los versos, los cuales te quedaron muy bonitos. Creo que le dan un toque más poético al relato.
ResponderEliminarMe gustó.
Mucha suerte en el concurso.
Un saludo.
Gracias por tus palabras, Cynthia. Incorporar versos en un relato corto puede ser un riesgo, pero en esta ocasión estoy satisfecha con la acogida positiva del poema.
EliminarUn saludo.
Felicidades Carmen por ese Tintero de Plata, el primero para tu blog, y felicidades también por la progresión en la que vas creciendo. Tu relato me pareció firme candidato al pódium cuando lo leí, y no estaba equivocado. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Jorge. Estoy feliz de haber conseguido estar a la altura de este puesto en el Tintero.
EliminarLuciré con orgullo este primer diploma que da brillo al blog.
Un abrazo.
Enhorabuena por ese galardón para tu relato, Carmen. Un Tintero de Plata para una historia conmovedora. Felicidades.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Carles. La historia me salió del alma y cumple mi sueño.
EliminarUn abrazo.
Hola, Carmen. Un premio merecidísimo del que recuerdo ese amor "imposible" y una poesía. Felicidades. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Isan. Estoy convencida de que no hay amores imposibles, sino situaciones irrealizables.
EliminarUn abrazo.
Merecidísimo premio para esta historia exquisita. ¡Enhorabuena!
ResponderEliminarUn abrazo! :)
Muchas gracias, Maite. Me hace mucha ilusión haber logrado este primer diploma Tintero.
EliminarUn abrazo.
¡Bravo por esa plata, querida compañera! Uno de los motivos que me llevó a darte puntos fue la hermosa poesía de tu autoría. Cada vez escribes mejor, Carmen, de lo cual me alegro un montón.
ResponderEliminarAy, Isabel. Estoy emocionada de este primer logro. Parte de mi evolución se la debo a participar en este concurso. A leer los relatos participantes y a aprender de vosotros, para superarme un poco cada temporada. El talento imaginativo, estoy segura de que lo sabes bien, debe trabajarse para expresarlo lo mejor posible. Busco recursos que me ayudan a escribir mejor y comienzan a verse los resultados.
EliminarEste diploma es un buen aliciente para seguir trabajando en superarme.
Gracias por tus cariñosas palabras. Un abrazo.
¡Carmen! Muchas felicidades por esa plata tan merecidísima. Aunque yo haya ganado algunos Tinteros, recuerdo que el primero que obtuve (bronce) fue el mayor subidón de todos, así que disfruta de tu merecido Tintero y a seguir creciendo.
ResponderEliminarUn abrazo.
¡Hola, Pepe! Es como lo dices, estoy encantada con mi primer Tintero. Ahora tengo que trabajar con esmero los próximos relatos para no bajar de la nube.
EliminarUn abrazo.
Hola! Enhorabuena por el segundo puesto! quería darte la enhorabuena y leer el relato. Qué bonito y delicado es, me ha gustado mucho. Seguiré leyéndote. Un abrazo!
ResponderEliminarMuchas gracias, Teresa, por pasarte a leer el relato y dejar este comentario tan gratificante.
EliminarUn abrazo.
Un relato muy emocional, en que un personaje recuperó el deseo, por unos instantes.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Demiurgo. Siempre es alentador que se cumpla algún deseo, aunque sea breve.
EliminarUn abrazo.