domingo, 18 de marzo de 2018

CONDENA PERPETUA


Salieron juntos, agarrados de la mano, detrás de aquella puerta dejaban un horror. Una historia más de esas que no deberían pasar nunca, pero  sucedió, y ahora ya no tiene remedio. Cargarán con ella en sus espaldas para siempre.

 Demasiados años de suplicio. Demasiados los días, demasiadas las noches.  Demasiado dolor. Y aún así, no desfallecieron en su empeño desesperado en busca de la salida.
Todo fue un exceso durante ese tiempo maldito, en el que pasaban los días con el mismo color que las noches.
 Esa tarde todo se puso a su favor, y ellos no estaban desprevenidos.  Era la oportunidad y sabían bien qué  hacer. No necesitaron mucho, una buena hacha y mucha puntería. Cada uno se ocupó de lo suyo. Acertaron de pleno.
Juan estaba entero, con el corazón duro y la cabeza muy fría. La pequeña Lidia  estaba tan asustada, que no fue capaz de articular palabra en varias semanas. En su cabeza un único consuelo, su tío no los  volvería a tocar jamás.
La carnicería que dejaban allí no sería su peor recuerdo de aquella casa, en sus pesadillas seguiría sintiendo aquellas asquerosas manos recorriéndola, sin pudor, en la oscuridad de aquel cuarto pestilente.
Ahora ya habían cumplido. Solo esperaban una celda mejor que el sucio lugar donde vivieron encerrados toda su infancia, con poca comida y muchas vejaciones.
En la calle no había un alma. Nadie pudo oír los gritos, al igual que nunca escucharon sus llamadas de auxilio. Desde aquel sótano era casi imposible. 
De eso se había guardado bien el monstruo, hermano de su padre. Hizo creer a todos que los chicos se habían ido del pueblo, cuando la desgraciada suerte de sus padres se los llevó de esta vida, cruzando las vías del tren.
Desde las casas cercanas asomaban cabezas. Otros se conformaron con espiar desde el velado paisaje que traspasa las cortinas.
 Mejor no saber nada, conformar sus conciencias con el bálsamo del desconocimiento.  
Entre murmullos una misma pregunta: ¿Los hijos de Inés no estaban en un orfanato?

© Carmen Ferro.

EL REINO DEL ENREDO

               En el reino de las fábulas, pájaros cantores vuelan saltando de rama en rama, ambientando con sus trinos el bosque de men...