EL PRECIO DE UNA MANZANA



Cuentan que el destino de la humanidad era vivir felizmente, rodeados de todo lo necesario, sin más deber que crecer y multiplicarse.  A cambio, una sola condición, no comer manzanas. Así de sencillo.
Y todo ese privilegio se fue al garete en un santiamén, por amor. Ni más, ni menos.
Demasiado tiempo disponible para la multiplicación, y pasó lo que tenía que pasar. Entonces llegaron los antojos, un sentimiento totalmente desconocido, que se apareció con forma de culebra.  
Tenerlo todo nos hace desear lo inalcanzable ¿Podría haber algo más antojadizo allí? No. Nada más apetecible que una hermosa manzana del árbol prohibido.
Con la de manjares disponibles a su alcance, y Eva justo se fue a encaprichar del fruto del dichoso manzano ¡La que se nos vino encima por el capricho!
Ese creador misericordioso debió entenderlo, pero aplicó su divina justicia sin miramientos. No tuvo piedad.
 Disculpemos ya de una vez a Adán. No era un calzonazos.   Estaba perdidamente enamorado, y no calibró las consecuencias. Perdió la razón. Es totalmente comprensible, al fin y al cabo, su amada costilla era carne de su carne. Y si tenía un antojo, haría cualquier cosa por satisfacerla.  
Eva podría haber pedido la luna, él la pondría a sus pies. Sería más original. Pero no, ella erre que erre, que quería manzanas. No quedó otra que pecar.
Disculpemos también a Eva. Todos sabemos que las hormonas nos juegan malas pasadas, son totalmente irracionales.
La humanidad comprende el fallo que han tenido. El amor lo puede todo, incluso vivir condenados por siempre en el destierro de un paraíso, donde la libertad valía el precio de una manzana.

Comentarios

  1. Jajaja. Una interpretación muy romántica de ese pasaje bíblico, que siempre nos han presentado como algo más propio del poder malignamente seductor de la mujer.
    Lo que sí está claro es que, en lugar del pecado original, lo que hemos heredado los humanos de esos supuestamente primeros padres es la curiosidad insaciable y el espíritu de contradicción. Cuanto más se prohíbe algo, más se desea, jeje.
    Un relato muy acertado.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. La verdad es que este relato partió de un juego de palabras y acabó en una revisión de la "historia bíblica". Un poco de humor también es necesario, para sobrevivir fuera del paraíso perdido.
      Y sí, es verdad, nada más atrayente que aquello que nos prohíben.
      Muchas gracias por pasarte por aquí y dejar este comentario, Patxi.
      Un abrazo.

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    2. Te has empeñado en cambiarme el nombre, pero si te gusta más Patxi que Josep María, pues nada, me lo cambio y ya está, jajaja.
      Otro abrazo, Maite, digo Carmen, jeje.

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    3. ¡Ohh! Un pecado que espero me perdones, Josep. Con lo bien que suena tu nombre, Josep María.... Admito pentencia... Maite suena bien ¡Borrón y Tinta nueva!

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  2. Tienes razón, Carmen, el humor es muy necesario para vivir, ¡sin duda alguna!
    Desde luego, entre Adán y Eva, nos la liaron buena..., jajaja
    Un abrazo,

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