TRAVESÍA AZUL



Yo el mantel. Tú los platos y dos vasos.
Yo la sal y los cubiertos. Tú las servilletas.
Yo agua. Tú cola sin azúcar.
 Esta noche la poesía viene a cenar con nosotros, tiene un lugar reservado en nuestra mesa. Ella  lo inunda todo con su aroma, y poco a poco nuestro entorno se desvanece. 
Solo existimos los dos, sentados uno frente al otro. Hablando sin parar,  mientras cenamos la ensalada que tú has preparado. Las manzanas del postre nos esperan inútilmente.
Te escucho y me sumerjo en la energía de tu mirada, en la calidez de tu sonrisa, en las palabras que me cuentan tu historia.
Nuestro sueño, imaginado durante  tanto tiempo, ahora se está haciendo tangible. Se abre paso en esta estancia. Ocupa su espacio. Camina despacio, con pies de plomo y nos rodea. Nos abraza. Nos transporta. Nos mete en su burbuja etérea. Flotamos.
No me despiertes. Sigue mirándome a los ojos, que yo traspaso con los míos el azul de tu jersey.
Todos mis sentidos se concentran en un solo punto. Tú. Y tu mirada azul.
El aroma del café, que derramas en mi taza,  me eleva como una pluma y me deja caer en la amplitud de tu sonrisa. Me adentro en tu boca, me como tus palabras  y regreso  a aquella tarde de enero, cuando nos encontramos. Tomando café.
Entonces, llegaste como un vendaval y atravesaste mi ventana. Derrumbaste mis muros viejos con tu energía, y me quedé sin cristales.
 Aquella tarde éramos otros. Yo era gris. Tú, como ahora, enteramente azul. 
La mujer opaca dejó de vivir en mí desde aquella noche.  Escapó  ahuyentada por el ruido de los cristales rotos y dejó las ventanas abiertas, las puertas sin cerrojos, el tejado sin tejas. Entró el aire fresco y ventiló todo el olor del pasado.  Amanecí desnuda, fresca. Libre. Nueva.
Yo te esperaba cada tarde en mi ventana, con la puerta abierta y el café listo. Tú pasabas despacio. Entrabas, tomabas un café, movías  mis muebles, esparcías olores nuevos en todas mis estancias.  Te ibas,  y a cada regreso,  el color gris de mis paredes se iba tiñendo de azul. De un azul tan intenso como tu mirada.
Fui arcilla en tus manos. Me dejé crear, sin planos, ni planes. Me volví dúctil. Me dejé llevar por la fantasía. Me hice tuya y fui más yo que nunca. Me crecieron alas y aprendí a volar.
Pusiste remos en mis manos y me ayudaste a navegar en aguas bravas.
Rema, rema, rema… Cantaba el poeta.
Y remé, remé, remé… 
Remamos. Sin carta de navegación. Sin brújula. Ni norte, ni sur. Ni sotavento, ni barlovento.  Ni contigo, ni sin ti. Solo nos guiaban las estrellas del camino.
 Y, contra todo pronóstico, llegamos a buen puerto. Atracamos sin muelle, tiramos  el ancla en un fondo incierto, y sujetamos fuerte nuestras amarras a la confianza mutua.
Mi vida, antes gris, se volvió enteramente azul.
Yo,  nueva, plena y sin grises, soy una mujer azul. Tú, sigues siendo mar, pura energía. Tú, siempre eres azul.
Vivimos en una casa nueva, casi sin muebles. Sin armarios. Sin caja fuerte. Todo a la vista,  para recordarnos cada día la importancia de no Tener.  Para saber siempre, lo importante que es Ser.
Y aquí estamos. Sentados, descansando de la travesía. Reponiendo fuerzas. Parados en esta mesa al lado de la ventana. En esta estancia nuestra, tan llena de luz. Azul, como tu mirada.
—¿En qué piensas?, me preguntas.
— En azul, te respondo.

Comentarios

  1. Un relato muy poético en el que esa mirada azul se convierte en el centro del universo, dotándolo de sentido para el amante. Todo un alegato de lo que significa amar. Un abrazo, Carmen!

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    1. Gracias, David. La narrativa poética se hizo un hueco en este relato. Era la intención. Espero compartirla en El Tintero. Un abrazo

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  2. Precioso texto. Todo ese pasar del gris al azul, metafóricamente hablando, me ha parecido sublime. El azul encarna la tranquilidad, la limpieza y la pureza. Bien escogido el color de esa travesía.

    ¡Suerte, Carmen!

    Besos

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Chelo. Muy buena apreciación. El color azul es mi preferido.
      Nos leemos, Chelo. Un saludo.

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  3. Melancólico y muy poético. Muy bonito.

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  4. Es un texto verdaderamente romántico, espléndido con esos personajes ambientados en ese azul marino del mar. Uno más para la magnífica colección de este mes en Tintero de oro. Un placer leerte.
    Saludo

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    1. Tienes razón, Yessy. La relación de los personajes es un puro océano. Gracias por tu generoso comentario. Un saludo

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  5. Excelente texto, amiga Carmen, con tesoros disfrazados de frases tales como: "tiramos el ancla en un fondo incierto, y sujetamos fuerte nuestras amarras a la confianza mutua". Un verdadero placer leerte. Enhorabuena.
    Te deseo mucha suerte en el "Tintero".
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Patxi por tan generoso comentario. Uno de los pilares del éxito en una buena relación es la confianza mutua. Una suerte es compartir "Tintero" con personas que escriben tan bien como vosotros.
      Un abrazo

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  6. Un relato muy poético donde el azul lo inunda todo, un azul amor o un amor azul lleno de sutileza. Mucha suerte en el concurso. Un abrazo.

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    1. Gracias por leer y comentar, Pilar. Ojalá que en nuestro planeta azul hubiese menos sombras grises. Un abrazo

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  7. Carmen, un relato precioso, el camino del amor. Narrado con ternura y sensibilidad. Me ha gustado mucho. El azul es uno mis colores preferidos. Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario, Mirta. Coincidimos en el gusto por el mismo color, además es muy favorecedor. Un abrazo

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